El 60 % de las familias españolas con mayores ingresos limita el tiempo que sus hijos pasan frente a las pantallas, frente al 41 % de los hogares con menos recursos. La diferencia de 19 puntos porcentuales revela una nueva brecha social: los menores de familias económicamente desfavorecidas reciben menos supervisión digital y utilizan con mayor frecuencia el teléfono móvil en espacios privados de sus viviendas.
Así lo recoge un estudio presentado el 13 de octubre de 2026, elaborado a partir de una encuesta a 1.500 madres y padres con hijos de entre 3 y 17 años. La investigación analiza cómo las familias españolas gestionan el acceso de los menores a móviles, tabletas, ordenadores y plataformas digitales.
Los resultados muestran que el nivel socioeconómico influye no solo en el acceso a la tecnología, sino también en las normas y el acompañamiento que reciben los niños cuando utilizan Internet.
Las familias con más recursos establecen más límites
Las diferencias económicas aparecen en prácticamente todas las medidas de supervisión analizadas.
El 56 % de las familias con mayor nivel socioeconómico decide cuándo y dónde pueden utilizarse los dispositivos electrónicos, mientras que entre los hogares de menores recursos ese porcentaje desciende al 40 %.
También existen diferencias en el uso de herramientas de control parental y en la cantidad de normas que se establecen en casa.
| Medidas de supervisión digital | Familias con más recursos | Familias con menos recursos |
| Limitan el tiempo frente a pantallas | 60 % | 41 % |
| Deciden cuándo y dónde se utilizan | 56 % | 40 % |
| Aplican cinco o más estrategias de control | 38 % | 27 % |
| Utilizan herramientas para limitar tiempo y contenidos | 37 % | 29 % |
Los datos reflejan que las familias con mayores ingresos aplican más medidas de supervisión, mientras que los hogares con menos recursos presentan mayores dificultades para mantener un seguimiento continuado.
La diferencia no implica necesariamente falta de preocupación, sino desigualdades en las condiciones y herramientas disponibles para acompañar a los menores.
Los niños de hogares humildes utilizan más el móvil a solas
La investigación también identifica diferencias en los lugares donde los menores utilizan la tecnología.
El 30 % de los niños y adolescentes de familias con menos recursos utiliza el teléfono móvil en espacios privados del hogar, como su habitación.
Este porcentaje supera en 12 puntos al registrado entre los menores de familias con mayor nivel económico, donde se sitúa en el 18 %.
El estudio señala que los hogares más acomodados recurren con mayor frecuencia al uso compartido de la televisión, mientras que en las familias económicamente desfavorecidas adquiere más protagonismo el teléfono móvil utilizado de manera individual.
Esta diferencia resulta relevante porque el uso de dispositivos en espacios privados puede dificultar que los adultos conozcan los contenidos que consumen sus hijos o las personas con las que mantienen contacto.
Los investigadores advierten de que la brecha digital ya no consiste únicamente en disponer de tecnología, sino también en aprender a utilizarla de forma segura.
La mitad de los padres no habla con sus hijos sobre los riesgos de Internet
El estudio revela que el 92 % de las familias españolas aplica alguna estrategia de supervisión o control digital.
Sin embargo, existen diferencias entre establecer normas generales y acompañar activamente a los menores durante su actividad en Internet.
El 51 % de los progenitores reconoce que no habla con sus hijos sobre los riesgos de la red, mientras que el 61 % no supervisa las actividades que realizan cuando están conectados.
Entre las familias que sí establecen medidas de control, las más habituales son limitar el tiempo frente a las pantallas, decidir dónde pueden utilizarse los dispositivos y acordar normas con los menores.
La supervisión es especialmente frecuente cuando los hijos tienen entre 8 y 12 años.
A pesar de estas limitaciones, el 61 % de las familias considera que la educación digital debe comenzar durante la infancia.
La pornografía y el contacto con desconocidos, las mayores preocupaciones
Los riesgos asociados al uso de Internet generan inquietud entre buena parte de los padres.
El acceso a contenidos pornográficos es la principal preocupación, señalada por el 43 % de las familias.
Le siguen el contacto con personas desconocidas y el desarrollo de comportamientos adictivos relacionados con las pantallas.
| Riesgo digital | Familias preocupadas |
| Acceso a pornografía | 43 % |
| Contacto con desconocidos | 42 % |
| Comportamientos adictivos | 41 % |
| Ciberacoso | 39 % |
| Exposición a violencia extrema | 39 % |
Las madres manifiestan, en general, una mayor preocupación por estos riesgos que los padres.
El estudio también detecta que la inquietud disminuye progresivamente a medida que los hijos crecen, aunque su exposición a determinados contenidos y relaciones digitales puede continuar.
El 95 % de los menores utiliza dispositivos electrónicos
El acceso a la tecnología está prácticamente generalizado entre los niños y adolescentes españoles.
Según la investigación, el 95 % utiliza algún dispositivo electrónico y emplea habitualmente una media de 2,6 dispositivos diferentes.
Las actividades más frecuentes son ver vídeos en plataformas digitales, realizar tareas escolares, consumir contenidos audiovisuales y escuchar música.
El 55 % utiliza las pantallas para ver vídeos, mientras que el 52 % recurre a ellas para actividades educativas.
El entretenimiento audiovisual y la música representan cada uno el 45 % de los usos habituales.
Los investigadores también identifican diferencias entre chicos y chicas. Ellas realizan más actividades creativas y relacionadas con la comunicación social, mientras que ellos utilizan los dispositivos con mayor frecuencia para jugar a videojuegos.
Las familias también reconocen beneficios educativos
Pese a la preocupación por los riesgos digitales, la mayoría de los padres reconoce que la tecnología ofrece oportunidades de aprendizaje y entretenimiento.
El 67 % considera que las pantallas ayudan a sus hijos a divertirse y relajarse, mientras que el 64 % destaca su utilidad para aprender cosas nuevas.
Otro 62 % valora que favorecen el desarrollo de habilidades tecnológicas y el 56 % considera que pueden contribuir al aprendizaje de idiomas.
Estas percepciones reflejan que las familias no rechazan necesariamente el uso de dispositivos electrónicos, sino que buscan encontrar un equilibrio entre sus beneficios y los riesgos asociados.
El principal desafío consiste en establecer límites adecuados a la edad y acompañar a los menores mientras desarrollan autonomía en Internet.
La desigualdad económica también condiciona la educación digital
Los resultados ponen de manifiesto que la protección de los menores en Internet está relacionada con las condiciones socioeconómicas del hogar.
Las familias con mayores recursos aplican más estrategias de supervisión y utilizan con mayor frecuencia herramientas para limitar el acceso a determinados contenidos.
En cambio, los menores de hogares desfavorecidos presentan una mayor tendencia a utilizar el móvil individualmente y con menos acompañamiento.
La investigación no demuestra que los ingresos sean la causa directa de estas diferencias, pero sí identifica una asociación que merece atención desde el ámbito educativo y social.
La nueva brecha digital no separa únicamente a quienes tienen acceso a Internet de quienes carecen de él. También distingue a los niños que cuentan con orientación para utilizarlo de forma segura de aquellos que deben aprender a desenvolverse en la red con menos apoyo familiar.
