Un diminuto animal capaz de sobrevivir a la congelación, la deshidratación y condiciones extremas del espacio podría ayudar a resolver uno de los problemas de la medicina transfusional. Un equipo de investigadores ha desarrollado un método inspirado en las proteínas de los tardígrados que permite recuperar hasta el 89 % de los glóbulos rojos después de congelarlos, frente al 82 % obtenido con una técnica convencional. El procedimiento ha demostrado resultados prometedores en ratones y podría facilitar en el futuro la conservación de reservas de sangre poco frecuentes.
La investigación, difundida el 8 de octubre de 2026, demuestra que algunos mecanismos naturales de supervivencia pueden adaptarse para proteger células utilizadas en medicina. Los científicos consiguieron que los glóbulos rojos soportaran mejor la congelación sin recurrir al glicerol, una sustancia empleada habitualmente para evitar que los cristales de hielo destruyan las células.
El avance todavía no se ha probado como procedimiento de transfusión en pacientes humanos. Sin embargo, plantea una posibilidad de gran interés: aprender de los organismos más resistentes de la naturaleza para conservar mejor componentes biológicos esenciales para salvar vidas.
Qué han descubierto los científicos sobre la conservación de la sangre
El equipo investigador, perteneciente a la Universidad Politécnica del Noroeste de China, desarrolló un sistema de criopreservación basado en una pequeña secuencia de una proteína presente en los tardígrados.
Estos animales microscópicos son conocidos por su extraordinaria resistencia frente a condiciones que resultarían mortales para la mayoría de los seres vivos.
Los investigadores identificaron una región protectora de una familia de proteínas denominada CAHS, relacionada con la capacidad de los tardígrados para soportar situaciones de deshidratación extrema.
Posteriormente, combinaron esa secuencia con trehalosa, un azúcar conocido por sus propiedades protectoras sobre determinadas estructuras celulares.
Al aplicar ambos componentes a glóbulos rojos de ratón antes de congelarlos, observaron que las células sufrían menos daños durante el proceso.
El resultado fue una recuperación del 89 % de los glóbulos rojos, frente a aproximadamente el 82 % registrado con el procedimiento convencional basado en glicerol.
La diferencia equivale a siete puntos porcentuales y representa una mejora relativa de alrededor del 8,5 % en la proporción de células recuperadas.
| Indicador | Nuevo método inspirado en tardígrados | Método convencional |
| Sustancias protectoras | Fragmento de proteína CAHS y trehalosa | Glicerol |
| Recuperación de glóbulos rojos tras descongelarlos | 89 % | 82 % |
| Eliminación del protector | Lavado mediante centrifugación | Proceso de eliminación del glicerol |
| Ensayos de transfusión | Realizados en ratones | Método basado en una técnica de uso clínico |
| Aplicación demostrada en pacientes humanos | No | Sí, mediante protocolos establecidos |
Los porcentajes corresponden a los experimentos realizados con células de ratón. No deben interpretarse como tasas de recuperación demostradas en sangre humana.
Qué son los tardígrados y por qué sobreviven donde otros animales morirían
Los tardígrados, también conocidos como osos de agua, son pequeños animales invertebrados que suelen medir entre 0,1 y 1 milímetro.
Tienen ocho patas, un cuerpo segmentado y una apariencia peculiar que recuerda a la de un oso microscópico.
Habitan numerosos ambientes del planeta, desde musgos y líquenes hasta sedimentos marinos y zonas de montaña.
Su característica más sorprendente es la capacidad de determinadas especies para soportar condiciones ambientales extremas.
Cuando el entorno se vuelve desfavorable, algunos tardígrados pueden entrar en un estado denominado criptobiosis, durante el cual su actividad metabólica se reduce extraordinariamente.
En estas condiciones pueden resistir periodos prolongados de deshidratación y temperaturas que destruirían numerosas estructuras celulares de otros organismos.
También se ha estudiado su resistencia frente a determinados niveles de radiación y a la exposición al vacío espacial.
No significa que sean verdaderamente indestructibles. Su supervivencia depende de la especie, las condiciones ambientales y la duración de la exposición.
Sin embargo, poseen mecanismos de protección que resultan especialmente interesantes para la biotecnología.
Las proteínas que protegen sus células cuando desaparece el agua
Uno de esos mecanismos está relacionado con las proteínas CAHS, cuyo nombre procede de la expresión inglesa cytosolic abundant heat-soluble.
Estas proteínas ayudan a determinadas especies de tardígrados a proteger estructuras celulares cuando pierden una cantidad importante de agua.
La deshidratación puede alterar la organización de las proteínas y membranas, provocando daños que impiden recuperar el funcionamiento normal de la célula.
Las proteínas CAHS contribuyen a limitar algunos de esos efectos mediante propiedades físicas y químicas particulares.
Los investigadores comprendieron que una protección semejante podría resultar útil durante la congelación de células sanguíneas.
La idea no consiste en convertir los glóbulos rojos en organismos resistentes como los tardígrados, sino en aprovechar una parte concreta de su estrategia de supervivencia.
Por qué resulta tan difícil congelar la sangre sin destruir sus células
La conservación de glóbulos rojos constituye una actividad fundamental para los bancos de sangre y los servicios de transfusión.
Estos componentes transportan oxígeno desde los pulmones hasta los tejidos gracias a la hemoglobina que contienen.
Cuando una persona sufre una hemorragia grave o necesita determinadas intervenciones médicas, puede ser necesario administrar concentrados de glóbulos rojos.
El problema es que estas células no pueden almacenarse indefinidamente mediante refrigeración convencional.
Su vida útil depende del procedimiento utilizado, la solución de conservación y las condiciones de almacenamiento.
La congelación permite ampliar considerablemente ese periodo, pero introduce nuevas dificultades.
Al descender la temperatura, el agua puede formar cristales de hielo capaces de dañar las membranas celulares.
También se producen cambios en la concentración de sustancias disueltas y alteraciones físicas que afectan a la integridad de las células.
Cuando el daño es demasiado intenso, los glóbulos rojos pueden romperse y liberar su contenido. Este proceso recibe el nombre de hemólisis.
Una bolsa de sangre que haya sufrido una hemólisis excesiva no puede utilizarse de manera segura para una transfusión.
Por eso, los procedimientos de criopreservación necesitan incorporar sustancias que reduzcan los daños provocados durante la congelación y la posterior descongelación.
El problema del glicerol que intenta resolver el nuevo método
El glicerol es uno de los principales agentes protectores utilizados para congelar concentrados de glóbulos rojos.
Su función consiste en reducir los daños asociados a la formación de hielo y a los cambios de concentración que experimentan las células durante el proceso.
Gracias a esta técnica, determinados componentes sanguíneos pueden mantenerse almacenados durante periodos prolongados.
Sin embargo, existe una dificultad importante.
Antes de transfundir los glóbulos rojos conservados con glicerol, es necesario retirar cuidadosamente la sustancia protectora.
Este proceso, denominado desglicerolización, requiere equipos, soluciones y procedimientos especializados.
También puede provocar la pérdida o el deterioro de una parte de las células.
La eliminación del glicerol debe realizarse correctamente para evitar problemas relacionados con la presencia de concentraciones inadecuadas de esta sustancia en el producto final.
Por ello, los investigadores llevan años buscando alternativas que permitan conservar las células con menos pasos de procesamiento.
El nuevo sistema inspirado en los tardígrados podría ofrecer una vía diferente, aunque todavía necesita superar diversas etapas de validación.
Cómo funciona la combinación de proteína CAHS y trehalosa
La clave del experimento está en combinar dos componentes con propiedades complementarias.
El primero es una pequeña secuencia derivada de una proteína CAHS de los tardígrados.
El segundo es la trehalosa, un azúcar presente en distintos organismos y utilizado como estabilizador en determinadas aplicaciones alimentarias y biotecnológicas.
La trehalosa puede ayudar a proteger proteínas y membranas frente a los cambios físicos asociados a la deshidratación y la congelación.
Sin embargo, presenta una limitación: no atraviesa fácilmente la membrana de los glóbulos rojos.
Esto dificulta que alcance concentraciones suficientes dentro de las células.
Los investigadores observaron que el fragmento de proteína CAHS favorecía la acumulación intracelular de trehalosa cuando ambos componentes se aplicaban conjuntamente a una temperatura de cuatro grados.
Al mismo tiempo, la combinación modificaba el comportamiento del hielo durante la congelación y descongelación.
De esta manera se obtenían dos efectos protectores: una mayor presencia del azúcar dentro de las células y una reducción de los daños asociados a la formación de hielo.
El procedimiento experimental utilizó nitrógeno líquido para congelar los glóbulos rojos previamente tratados.
Después de descongelarlos, los investigadores pudieron retirar los componentes protectores mediante centrifugación.
La técnica permitió recuperar una proporción elevada de células que conservaban características necesarias para su funcionamiento.
Los glóbulos rojos conservaron su forma y sus funciones principales
Recuperar una cantidad elevada de glóbulos rojos no sería suficiente si las células perdieran sus propiedades biológicas.
Por eso, el equipo también estudió su estado después de la descongelación.
Los análisis mostraron que los glóbulos rojos tratados con el nuevo procedimiento mantenían una morfología compatible con la normalidad y conservaban funciones importantes evaluadas en el laboratorio.
También se observaron resultados favorables en las pruebas de compatibilidad sanguínea realizadas dentro del experimento.
El estudio comunicó una compatibilidad del 99 % en las condiciones analizadas, un dato diferente del porcentaje de células recuperadas después de congelarlas.
Ambas mediciones responden a preguntas distintas: cuántas células sobreviven al procedimiento y cómo se comportan posteriormente en determinadas pruebas.
Los investigadores también comprobaron que el tratamiento previo a la congelación no provocaba una destrucción excesiva de glóbulos rojos.
Estos resultados apoyan la posibilidad de desarrollar una alternativa al glicerol.
Sin embargo, la seguridad y la eficacia observadas en pruebas de laboratorio no garantizan que el procedimiento funcione de la misma manera en pacientes.
Las transfusiones experimentales mejoraron la anemia en ratones
Después de analizar las células descongeladas, los científicos realizaron una prueba adicional para comprobar su utilidad biológica.
Utilizaron ratones con anemia hemolítica inducida experimentalmente, una condición caracterizada por la destrucción acelerada de glóbulos rojos.
Los animales recibieron transfusiones de células previamente congeladas mediante el nuevo procedimiento.
Tras la administración, los investigadores observaron una mejora de los recuentos sanguíneos y de los niveles de hemoglobina.
Estos resultados indican que las células conservadas mantenían suficiente actividad funcional para contribuir a corregir la anemia en ese modelo experimental.
Los análisis tampoco detectaron una respuesta inflamatoria significativa en las condiciones estudiadas.
El resultado constituye una prueba relevante porque va más allá de comprobar que las células conservan su apariencia después de descongelarlas.
Demuestra que pueden mantener determinadas funciones biológicas una vez administradas a un organismo vivo.
No obstante, el experimento se realizó en ratones y con una anemia provocada artificialmente.
La respuesta de un paciente humano podría ser diferente, y serían necesarios estudios específicos para evaluar la seguridad del método antes de cualquier aplicación clínica.
Por qué el avance podría beneficiar especialmente a las personas con grupos sanguíneos raros
Una de las posibles aplicaciones de esta tecnología está relacionada con la conservación de sangre de grupos poco frecuentes.
Aunque los grupos ABO y el factor Rh son los sistemas más conocidos, existen numerosos antígenos sanguíneos que pueden complicar la búsqueda de donantes compatibles.
Algunas personas presentan combinaciones poco habituales y necesitan componentes sanguíneos especialmente seleccionados.
En estos casos, disponer de reservas congeladas puede resultar fundamental.
La criopreservación permite conservar unidades que podrían ser difíciles de reemplazar si se necesitaran con urgencia.
Sin embargo, los procedimientos actuales requieren infraestructura especializada y pasos adicionales para preparar la sangre antes de administrarla.
Una técnica que redujera el deterioro celular y facilitara el procesamiento posterior podría mejorar la gestión de estas reservas.
También podría resultar interesante para determinados centros sanitarios que necesitan mantener componentes sanguíneos durante periodos prolongados.
Eso no significa que el método permita almacenar sangre sin refrigeración o que vaya a sustituir inmediatamente los sistemas existentes.
Su aplicación dependerá de que futuras investigaciones demuestren ventajas clínicas y operativas reales.
Qué falta para utilizar esta tecnología en hospitales
El estudio demuestra que una estrategia inspirada en los tardígrados puede funcionar en condiciones experimentales, pero todavía no constituye una técnica aprobada para conservar sangre destinada a transfusiones humanas.
Antes de llegar a los hospitales será necesario resolver diversas cuestiones.
La primera consiste en comprobar que el procedimiento mantiene su eficacia cuando se aplica a glóbulos rojos humanos.
También deberán evaluarse la seguridad de los componentes utilizados, la facilidad con la que pueden eliminarse después de la descongelación y la estabilidad de las células durante diferentes periodos de almacenamiento.
Otro aspecto fundamental será determinar si el método puede aplicarse a volúmenes de sangre compatibles con la actividad de los bancos de sangre.
Los experimentos realizados con cantidades pequeñas no siempre pueden trasladarse directamente a procesos clínicos de mayor escala.
Además, será necesario comprobar si el resultado final cumple los requisitos de calidad establecidos para los componentes destinados a transfusión.
Solo después de superar estas etapas podría estudiarse una posible aplicación en pacientes mediante los procedimientos regulatorios correspondientes.
Por el momento, no existe una fecha confirmada para su introducción en la práctica hospitalaria.
La naturaleza ofrece nuevas ideas para conservar células humanas
La investigación forma parte de un campo científico más amplio conocido como biomimética, que utiliza mecanismos presentes en los seres vivos como inspiración para desarrollar nuevas tecnologías.
Los tardígrados resultan especialmente interesantes porque han desarrollado estrategias de protección que permiten a determinadas especies soportar condiciones ambientales extraordinarias.
Estudiar esos mecanismos podría ayudar a mejorar la conservación de distintos materiales biológicos.
Además de los glóbulos rojos, la criopreservación tiene aplicaciones en investigación biomédica, medicina reproductiva y almacenamiento de determinadas células y tejidos.
Sin embargo, cada tipo celular presenta características diferentes, por lo que un procedimiento eficaz para glóbulos rojos no puede trasladarse automáticamente a otros materiales.
Los investigadores consideran que las propiedades protectoras de estas proteínas podrían inspirar estrategias adicionales, incluso destinadas a reducir la dependencia de temperaturas extremadamente bajas.
Esta posibilidad continúa siendo una línea de investigación y no un resultado demostrado para el almacenamiento de sangre a temperatura ambiente.
El descubrimiento pone de manifiesto el valor de estudiar organismos que, a primera vista, parecen alejados de cualquier aplicación médica. Un fragmento de proteína de un animal de menos de un milímetro ha permitido mejorar experimentalmente la recuperación de glóbulos rojos congelados. Si las próximas investigaciones confirman su eficacia en células humanas, los tardígrados podrían aportar una solución inesperada a uno de los desafíos más delicados de los bancos de sangre: conservar durante más tiempo un recurso que puede resultar imprescindible cuando una vida depende de una transfusión.
